LA RELIGIÓN EN EL NUEVO PENSAMIENTO EUROPEO
Por Jesús Hernández Criado

Durante muchos siglos Europa ha sido un continente eminentemente cristiano. Su cultura se ha ido transmitiendo de generación en generación hasta nuestros días. Pero durante el siglo pasado y lo que va del XXI el pensamiento europeo ha tomado un nuevo rumbo y venimos asistiendo a un proceso en el que lo religioso  está siendo   marginado en el ámbito cultural (las universidades y demás centros culturales);  en el  político donde se pide relegarla a lo privado, y en el económico donde lo que manda es la rentabilidad. Así como en otros tiempos la religión ocupaba el primer lugar en la escala de valores y daba votos a los políticos, hoy  defender lo religioso  es signo de inmovilismo cultural, de retrógrado y de antidemocrático, y es considerado como un impedimento para el triunfo personal.  Todo esto ha dado como resultado el alejamiento de la gente de las iglesias, y como consecuencia de ello la ignorancia cada vez mayor de lo que significa la religión en la vida del hombre y en el desarrollo de la sociedad.    
El pensamiento europeo actual es marcadamente arreligioso o antirreligioso y está representado políticos ateos encuadrados en el movimiento conocido como Nuevo Socialismo. Muchos de ellos están situados en Organismos internacionales, utilizando sus puestos para propagar su ideología.
Nietzsche hizo célebre la frase de “Dios ha muerto”, y de la muerte de Dios pasóal superhombre; a este superhombre de Nietsche lo está resucitando ahora la cultura Occidental  y le está dando los poderes y atributos propios de Dios. La nueva ciencia cree haber descubierto que las leyes de la naturaleza no proceden de ningún Dios, y no hay por qué someterse a ellas, ni a ningún otro ser superior al hombre, porque ese ser no existe. El hombre puede cambiar lo que hasta ahora conocemos como leyes naturales, porque su ciencia y su tecnología le capacitan  para ello. No importa que la naturaleza te haya hecho nacer hombre o mujer; tú podrás elegir el sexo que quieres para ti y la ciencia y la técnica se encargaran de satisfacer tu deseo. Si te apetece disfrutar del sexo y no quieres responsabilidades de paternidad o maternidad puedes hacerlo usando los anticonceptivos, y si eso falla tienes el aborto como última solución. Hoy ya no hay eso de “Dios lo quiere así”. Eres tú, no Dios, el que decides lo que quieres. La peste, que antes era un azote de Dios por nuestros pecados, hoy ha sido erradicada por la ciencia, y vemos que Dios no tenía nada que ver con esto. Las catástrofes naturales, tan temidas siempre por el hombre, hoy vamos reduciendo sus efectos dramáticos  a causa de las predicciones que podemos hacer sobre  su aparición y su intensidad. Todo eso está haciendo que el hombre cada vez confíe menos en Dios y más en su propia ciencia y en su técnica, dando como resultado el abandono de la religión.   
Todo hace pensar que el reto que tienen las religiones en siglo el XXI, sobre todo  en nuestra civilización occidental, es el de apuntalar la fe. El ateo seguirá gritando cada vez más alto y con más insistencia: “Dios no existe”, y expondrá argumentos científicos y técnicos para justifica su increencia. Ante esta  situación  el creyente no tendrá más remedio que  dar mejores razones para justificar su creencia si no quiere perder la batalla. Ya sabemos que muchos dicen que la fe no es cuestión de razonamientos, sino de la gracia de Dios. De acuerdo en eso, pero nadie negará que los argumentos que exponen los ateos para justificar su increencia están haciendo que muchos creyentes dejen de creer en Dios convencidos de que es verdad lo que dicen estos. Por otra parte, digo yo,  a la gracia de Dios habrá que ayudarla de alguna forma, y no creo que exponer argumentos razonables en su defensa perjudique en nada a la  gracia divina.
Los ateos dicen que  la ciencia está de su parte; nosotros tenemos los hechos que están a nuestro favor. Dios se ha manifestado a los hombres en todo tiempo y lugar. De forma muy ostensible lo hizo en la persona de Jesucristo; antes lo había hecho a través de los Profetas,  y después, hasta hoy, sigue haciéndolo  a través de multitud de personas que dan testimonios de estas manifestaciones. No se puede decir que no existe un  Dios que da tantas señales de vida, a tanta gente, y en tantos lugares,  y no puede ser motivo para negar esa existencia el hecho de que a muchos no se les haya manifestado.  Dios nos ha  dado el habla para transmitir nuestros saberes, y de la misma forma que admitimos muchos conocimientos por este medio igual podemos admitir el de su existencia transmitida por infinidad de testimonios de personas dignas de crédito. 
Hay quien dice que lo fundamental del cristiano es el testimonio. Sí, el testimonio es necesario, pero si practicas la fe  y no sabes dar razón de por qué lo haces te acusarán   de ignorante, y el testimonio de los ignorantes poca gente lo sigue.  
La fe es lo primero, y fe es lo que hoy falta en nuestra civilización Occidental. Hoy no vale eso de  “yo creo que algo tiene que haber”, o el “creo en Dios pero no practico”, o “voy a misa porque si no lo hago parece que me falta algo”.  Esa es una fe raquítica, sin consistencia, y es  la que más abunda  hoy en nuestra civilización. Esta débil fe  es la  más receptiva a los ataques del ateísmo y de las sectas, y es la más predispuesta a aceptar las tesis ateas.
Benedicto XXVI  en Luz del Mundo, pag.13 dice: No podemos seguir adelante como hasta ahora. “En la respuesta que demos a la  pregunta acerca de si existe Dios, el Dios de Jesucristo, o si no existe, se decide hoy el destino del mundo en esta situación dramática”. Estoy totalmente de acuerdo con esta apreciación.   
¿Dónde está la dificultad para creer en Dios?   Hemos rebajado a Dios a la categoría de hombre, y lo juzgamos con arreglo a nuestros conocimientos. Si no hace lo que a nuestro entender es justo decimos que es injusto. Si permite  una catástrofe que a nuestro juicio debería evitarse decimos que es inhumano, o que es impotente, o que es perverso  porque permite tanto mal y tanto sufrimiento. No nos damos cuenta de que un Dios, precisamente por serlo, y por tener unos conocimientos muy  superiores a los nuestros, no puede obrar con arreglo a nuestros criterios humanos. Todos a medida que vamos adquiriendo más conocimientos vamos cambiando nuestros comportamientos. ¿Entonces, por qué rechazamos a  Dios alegando que no lo entendemos cuando comprendemos que lo razonable es que no podamos  entenderlo?  O aceptamos a un Dios incomprensible para el hombre por ser infinitamente superior a nosotros o rechazamos su existencia, porque un Dios con nuestras limitaciones no puede ser el creador de lo poco que conocemos y  de tanto como desconocemos.

 

Volver a pagina principal