¿HAY CORRUPCIÓN DE LA CULTURA CATÓLICA?
 Por Jesús Hernández Criado

Movimiento católico de mayores
BOLETIN NUM. 137.- Febrero 2014

 Hace unos días vi en Intereconomía un programa en el que, creo que era el presidente de Manos Limpias, venía a decir que en España no tenemos corrupción solo en algunas partes del sistema, sino que la tenemos de todo nuestro sistema de convivencia. Hay corrupción –dijo- en la política, en el sistema económico, en el  judicial, en el  educativo, en los sindicatos, en el sistema sanitario y hasta en nuestra forma de vivir la religión (incoherencia, indiferencia e hipocresía).
Por otra parte leía en el periódico El Mundo un artículo que hacía referencia a otros publicados en El País en los que sus firmantes echaban la culpa de tanta corrupción a nuestra cultura católica. Esto es lo que decía el articulista de El Mundo: “En estas últimas semanas han proliferado los artículos que, sorprendentemente, vinculan el nivel de corrupción  en nuestro país a la moral católica en la que hemos sido educados. Por dos veces Jaime Botín desde las páginas de El País  subraya ese vínculo, advirtiendo que la moral católica va a acabar (…) con todos nosotros. En su opinión dicha moral se asienta sobre el hecho de que Dios es infinitamente misericordioso y la Iglesia tiene delegado el poder de perdonar, lo cual es un “disparate (…) un principio fatal para la buena marcha de una democracia moderna  donde no debe bastar con pedir perdón”. Desde las páginas del mismo diario, Reyes Mate afirma  que la diferencia en términos de corrupción, es tan notoria  con otros países  “que algunos han pensado  que la cosa tiene que ver con nuestra cultura católica. Él mismo apoya esta teoría argumentando  que al trocar la autoridad de la conciencia por el poder del confesonario se libera al culpable  del calvario de la responsabilidad pública” (sic). Firma el artículo de El  Mundo Ignacio Carbajosa, profesor de literatura bíblica en la Universidad San Dámaso, (Madrid)  El Mundo, Martes 5 de Noviembre  de 2013  Sección de Tribuna/Sociología.
¿Cómo estamos viviendo nuestra religión para que haya gente, y especialmente los medios de comunicación,  que perciban  que somos los culpables de la corrupción? Todo hace pensar que en muchos ambientes hoy no se vive en España conforme a lo que enseña la Iglesia, ni aun entre los que frecuentamos los templos. Muchos viven una religión de rutinas y hábitos sociales establecidos  sin conocer bien lo que practican lo que practican, y esto sí puede dar lugar corrupción del catolicismo. George Weigel, columnista americano del semanario “The Catolic differece” se pregunta en su libro Política sin Dios por qué en Europa hay tantos intelectuales “cristofóbicos” y por qué la cultura popular permite en manifestaciones públicas y medios de comunicación que se hagan tantas caricaturas grotescas de Cristo y de su Iglesia. Esto -dice el comentarista- no lo tolerarían ni el judaísmo ni el islam. Y se pregunta: ¿Por qué lo toleran los cristianos europeos? Será, digo yo, porque la cultura europea pasa de religión. Muchos, aun declarándose católicos,  se casan por lo civil y no por la iglesia,  no  bautizan a los hijos, no  enseñan ni practican  religión en la familia, y no  frecuentan la iglesia,  ¡y a pesar de todo dicen que son cristianos!  Cristiano no practicantes, dicen ellos ¿Qué clase de cristiano es el que no siente ningún interés por su Dios?
San Juan dice en su Evangelio: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos” (13, 35). Hoy hemos sustituido el amor a Dios y al prójimo por la solidaridad, la compasión, el compartir…; esto también puede hacerse, y se hace (y está pero que muy bien que se haga) sin ser discípulos de Cristo. Cristo pide algo más que solidaridad compasiva, pide amor al prójimo, y esto implica interesarnos por sus  necesidades y ayudarle a resolver sus problemas, tanto los económicos  como los de tipo afectivo y espirituales. Vivir el cristianismo  implica  cumplir todos los mandamientos dados a Moisés, y especialmente el de amar a Dios y al prójimo. “Quien dice ser cristiano debe vivir como vivió Cristo” ( I S. Juan 2,6) y Cristo vivió guardando todos los Mandamientos y haciendo el bien por donde quiera que iba. ¿Vivimos así los cristianos de hoy?
Dicho lo anterior, ¿podemos culpar a la cultura católica de la corrupción que hoy padecemos? Creo que no. Esta corrupción hay que buscarla en  otra parte. El comentarista antes citado, en su libro también citado, dice: “Los fallos de la conciencia humana privada de su dimensión divina, han sido un factor determinante en todos los mayores crímenes del siglo XX” (recuérdense en Europa hechos como el Holacausto y las purgas de Stalin, donde fueron masacradas sin escrúpulos millones de personas). A eso les llevó a aquellos políticos su  conciencia  humana privada de la dimensión divina, y eso es lo que lleva a  la corrupción a nuestra sociedad de hoy.
Entre los políticos y los no políticos hemos conseguido echar a Dios de nuestra sociedad. Quitar a Dios es quitar al juez que castiga a los que hacen mal y que premia a los que hacen bien, y quitado el juez que puede castigarnos cuando hacemos mal  ¿quién nos puede condenar si nos hacemos corruptos para conseguir nuestros propósitos: dinero,  poder, fama, etc.? La idea que se está extendiendo en Europa de que no hay nadie por encima del hombre puede ser –yo creo que lo es-, el principio de la crisis moral que se percibe en este continente, y muy especialmente en la Europa Occidental
Es cierto, como dicen los columnista de El País,  que la religión católica enseña que Dios es misericordioso y perdona al que se arrepiente,  y  que en la confesión se imparte el perdón en nombre de ese  Dios, pero la confesión no lo perdona todo. Para que haya perdón se requiere: primero que se reconozca que se ha obrado mal, segundo  que se arrepienta de haberlo hecho, tercero  que haya propósito firme de no seguir haciéndolo y que  se pongan los medios  a nuestro alcance  para dejar de obrar mal, y cuarto  que en caso de que se haya hecho daño a alguien se le compense por ello, Y ¿qué pasa si no se cumplen estas condiciones? Que no hay perdón y el resultado es condenación. El perdón se da a quien se arrepiente del mal que haya hecho y hace propósito de dejar de hacerlo, no por el mero hecho de confesarse. ¿Alguien puede pensar sensatamente que esto es una incitación a la corrupción? Quien no vive bien el cristianismo y se confiesa mal sí corrompe  al  catolicismo y se corrompe a sí mismo, pero vivir el cristianismo como enseña la Iglesia  lejos de ser un motivo de  corrupción es un antídoto contra ella.

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