TEMA 10: LA IGLESIA CATOLICA

10.1  Que es la Iglesia Católica

En la Iglesia católica distinguimos la Iglesia triunfante (los que ya están en el cielo), la Iglesia purgante, (los que están en el purgatorio), y la Iglesia peregrina que la formamos todos los cristianos que vivimos en la tierra y aceptamos la autoridad del Papa. Al decir que creemos en la Comunión de los Santos estamos confesando que creemos en que hay interrelación entre estas tres Iglesias: Los Santos pueden ayudarnos y nosotros podemos ayudar a los que están en el Purgatorio.
Cuando hablamos coloquialmente y nos referimos a la Iglesia, a veces los hacemos refiriéndonos solo a la jerarquía de la Iglesia. Así decimos: La Iglesia prohíbe el aborto, la Iglesia manda ayunar en tales o cuales fechas, etc. La jerarquía, que es la que da estas normas, no es la Iglesia, solo es una parte, y no la mayor, de la Iglesia.  La Iglesia peregrina está formada por el Papa, los Obispos, los consagrados y todos los fieles que nos confesamos cristianos y aceptamos la autoridad del Papa. Todos juntos formamos la Iglesia, separados ninguno es la Iglesia. 
Esta Iglesia está regida por hombres y no por ángeles, y tanto la Jerarquía como los miembros de a pie tenemos las mismas limitaciones que tienen todos los hombres de la tierra.
Pero esta Iglesia regida por hombres no es una sociedad como el resto de las sociedades humanas. Se diferencia de las instituciones civiles por su naturaleza, por sus fines y por sus medios. Dice Ratzinger en Introducción al cristianismo que muchos que critican a la Iglesia actual es porque no ven en ella lo peculiar que tiene, y sólo la ven como una Institución con miras sociales o políticas, y quieren que se comporte como cualquiera de éstas. 

10.1.1 Cuando empezó la Iglesia su tarea apostólica
La Iglesia empezó a funcionar como tal justo después de que los apóstoles recibieran el Espíritu Santo. Después de recibirlo salieron a la calle y Pedro comenzó la predicación de la Iglesia con este discurso:
“ Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les declaró: Varones judíos y todos los que vivís en Jerusalén, sea esto de vuestro conocimiento y prestad atención a mis palabras, porque éstos no están borrachos como vosotros suponéis…”   (Hechos 2,14-35)
Allí estaba reunida por primera vez toda la Iglesia de Cristo. Pedro actuando como cabeza de la pequeña Iglesia, los apóstoles actuando Obispos, y el pueblo escuchándolos como los escuchamos ahora para recibir la fe de Cristo.
Esa Iglesia que estaba naciendo allí, no nacía como consecuencia de acuerdos previos, como ocurre con las instituciones humanas, ni hubo acta constitucional donde quedase registrada su creación. Nació del impulso del Espíritu y del encargo de Cristo de enseñar y bautizar. Su naturaleza es así de origen espiritual.
Las asociaciones civiles suelen tener algún fin político, económico o social.  El fin de Iglesia es anunciar la palabra de Cristo y ser coherente en sus comportamientos con eso que enseña. Esto obliga a la Iglesia a ser fiel a las enseñanzas de Cristo, no a las modas de los tiempos, ni a los intereses políticos o económicos de ningún estado o partido en particular.  Como institución incardinada en la sociedad tiene la obligación de colaborar con otras instituciones en el bienestar de los ciudadanos, pero no puede faltar a su compromiso esencial de anunciar y obrar conforme a las enseñanzas de Cristo.
Su naturaleza y sus fines distintos a las de las asociaciones civiles, sociales o políticas hacen que sus medios para organizarse y desarrollar su función sean también diferentes a los de cualquier sociedad o asociación de carácter temporal.

10.2  ¿Quiso Cristo fundar una Iglesia?

Cuando Jesús inició su vida pública eligió a doce hombres para instruirlos, para que le ayudaran en su tarea de anunciar su doctrina, y para que siguieran anunciándola cuando Él muriese.  A éstos se unieron luego otros hombres y algunas mujeres que le acompañaban en sus desplazamientos, y así se formó la primera comunidad de seguidores de Jesús: con un Jefe que era Él y un pequeño grupo de seguidores. Pero Jesús no piensa solo en el grupo que le sigue, piensa en extender su doctrina a toda la humanidad. Él no ha venido para unos pocos, ha venido para todos. Pensando en esto designa a Pedro como responsable de continuar su predicación cuando Él muera: “Sobre esta piedra (sobre Pedro) edificaré mi Iglesia. Y en otra ocasión: Apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos”.  Aquí parece que hay clara intención de fundar una Iglesia. Los apóstoles que vieron esto entendieron que Cristo quería dejar a Pedro al frente de esa Iglesia y desde entonces lo respetaron como como jefe. Así vemos que cuando muere Cristo y tienen dudas o discusiones sobre qué hacer se reúnen en torno a Pedro y es su opinión la que prevale. Desde entonces hasta hoy prevalece en la Iglesia Católica la opinión de los sucesores de Pedro.
Ni Pedro ni sus sucesores han sido nunca nombrados por votación popular. La Iglesia, lo repetimos, no es una organización como las que los políticos están acostumbrados politizar en sus discusiones, y esto deberían tenerlo en cuenta esos que piden que sea el pueblo quien elija sus Obispos o sus sacerdotes. La misión de la jerarquía de la Iglesia no es la de representar a sus fieles, es la de salvaguardar las enseñanzas de Cristo y la de darlas a conocer. Por eso es la Iglesia, y no el pueblo, la que elige quienes están capacitados para esta misión. 

10.3  La Iglesia como misterio y como sacramento
Sabemos que el fin de la Iglesia es anunciar la Palabra de Cristo. Sus enseñanzas contienen la revelación del plan divino en orden a nuestra salvación. Es así que la   Iglesia es misterio por lo que anuncia. También es misterios porque su creador ha dicho que estará con ella hasta el final de los tiempos. Sabemos que Cristo influye en la Iglesia, pero ignoramos cuánto, dónde y cómo se realiza esta influencia. Esto es un misterio, y también por esto que la Iglesia es Iglesia es misterio.
Juan Pablo II,  en la carta  a los obispos de Brasil, 1986 dice: “Así, cuando decimos que la Iglesia es un "misterio", lo que queremos decir es que es una realidad ''divina, trascendente y salvífica y, al mismo tiempo, es revelada y manifestada de algún modo visible". Por eso la Iglesia no puede ser definida ni interpretada a partir de categorías puramente racionales, sociopolíticas u otras“
El Catecismo de la Iglesia enseña que la Iglesia contiene y comunica la gracia invisible que ella significa y en este sentido es llamada sacramento. La Iglesia no es autora de la salvación; ésta viene de la Trinidad por medio del Hijo, pero ella es el signo visible a través del cual esa gracia llega a todos los hombres, incluidos los que no la conocen o no pertenecen a ella.

10.4  La gracia de Dios
La gracia de Dios podemos definirla como un regalo que Dios nos  hace porque quiere, por el cual ofrece salvación y vida eterna a todos los pecadores arrepentidos que ponen su fe en Cristo para ser salvos. En Juan 3,16 leemos: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." Esa es la gracia de Dios. El volver a darnos la oportunidad de vivir felices mediante el perdón de nuestros pecados.   
En el libro de Efesios el apóstol Pablo nos habla acerca de esta Gracia tan poderosa que hemos recibido de parte de Dios y que nos da la salvación. "Porque por Gracia de Dios sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe" (Efesios 2:8-9).                      
La gracia de Dios es el mayor tesoro que los hombres podemos poseer, no sólo porque ello es signo de salvación eterna, es también por la felicidad y las virtudes que aporta a quienes la disfrutan en la tierra. Y quienes han disfrutado de esa  gracia saben por propia experiencia que esto es así .
Cristo es el dador de estas gracias, y las concede a través de los sacramentos que recibimos por medio de su Iglesia. Por esto decimos también que la Iglesia misma es sacramento, porque a través de ella podemos recibir la gracia de Dios.

10.5  La Iglesia Católica es hoy el pueblo de Dios.

Así como en tiempos pasados fue Israel el pueblo de Dios, hoy lo es la Iglesia de su Hijo Jesucristo. La Iglesia como pueblo de Dios es visible para todos, pero no es homologable a los demás pueblos, puesto que su unidad no es de carácter nacional, ni está vinculado a la raza o a la lengua. Es un pueblo convocado por Dios y formado por hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación
Las características del pueblo de Dios son:
Dios ama por igual a todos los hombres, pero al pueblo elegido le encarga alguna misión especial. La misión de este pueblo-Iglesia es la de anunciar y hacer presente a Jesucristo para salvación de todos. 
Israel tenía a los Patriarcas y a los Profetas. La Iglesia tiene a Jesucristo.
Israel tenía la Torá, que es un conjunto de leyes y preceptos (613 en total) que obligaban a todo judío. La Ley básica de la Iglesia se resume en el doble precepto del amor a Dios y a todos los hombres

10.6  Notas de la Iglesia católica
Se dice que las notas o características de la Iglesia católica son unicidad, santidad, catolicidad y apostolicidad. Así lo confesamos en el credo de Nicea llamado también Nacianceno por el arzobispo y teólogo Gregorio Nacianceno. Es este credo decimos:
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. 
Espero la resurrección de los muertos, y la vida del mundo futuro. 
Amén
Fuera de la Iglesia Católica hay otras muchas Iglesias cristianas, pero ninguna contiene los cuatro caracteres.  Para distinguir la verdadera Iglesia de las que no lo son, podemos ver si reúne los cuatro caracteres siguientes:

10.7  La Iglesia católica es una
Debe ser una, porque Jesucristo quiso fundar una sola Iglesia con una sola doctrina y un solo jefe. Jesucristo prometió a Pedro que sobre él edificaría su Iglesia no sus Iglesias. Expresa su deseo de que todos los hombres formen “un solo rebaño bajo un solo pastor” (Jn, 10, 16). No quería que hubiera divisiones en su Iglesia, esto lo manifestó diciendo:  Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie” (Mt. 12, 25).
San Pablo recomendaba a los fieles de Éfeso una estricta unidad: Un solo Señor, una sola fe, y un un solo bautismo”

10.8  La Iglesia católica es santa
Es santa porque Cristo la fundó para santificar a los hombres. Jesucristo manifestó la fuerza santificadora de su doctrina: “Yo les he comunicado tu doctrina; santificándolos en verdad; la palabra tuya es la verdad misma” (Jn. 17, 17), y San Pablo declara: “Jesucristo amó a su Iglesia y se entregó para santificarla, a fin de hacerla comparecer santa e inmaculada” (Ef. 5, 27)
Esta propiedad de la Iglesia puede resultar paradójica, y muchos niegan esta realidad porque son evidentes los límites de los hombres que la formamos y están a la vista los momentos poco memorables de su historia, y son conocidos los pecados de muchos cristianos, pero la santidad de la Iglesia no le viene de los hombres, le viene de Cristo. Su santidad es un don de Dios a su Iglesia. El Dios Santo ha enviado a su Hijo que no conoció pecado. Cristo, el único santo, se entregó a la Iglesia para santificarla  (LG 39). La santidad le es concedida también porque contiene el depósito de la fe, los sacramentos y el ministerio ordenado.

10.9  La Iglesia  Católica.  
La Iglesia es católica porque Cristo la estableció para todos los pueblos y para todos los tiempos. “Id y enseñad a todas las naciones- (Mt. 28, 19). -Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos”. “Me serviréis de testigos hasta los confines del mundo” (Hechos 1, 8),
La Iglesia no es católica por el hecho de estar actualmente extendida por toda la superficie de la tierra y contar con un crecido número de miembros. Es católica porque ha sido creada para todos los pueblos. Ya era católica mañana de Pentecostés, cuando todos sus miembros cabían en una reducida habitación. Su catolicidad no es cuestión de geografía, ni de cifras.
Es católica también porque su misión es universal, para salvación de todo el género humano. La catolicidad es, pues, un dato estructural en la vida de la Iglesia, que ha de traducirse también en su misión

10.10  La Iglesia católica es Apostólica
Debe ser Apostólica porque así como la catolicidad nos presenta la presencia de Cristo en todo el mundo, la apostolicidad nos recuerda que procede ininterrumpidamente de los apóstoles. La Iglesia es Apostólica porque todos sus elementos esenciales proceden de Cristo a través de los Apóstoles, y están garantizados por una sucesión ininterrumpida hasta el fin de los tiempos. La apostolicidad es uno de los argumentos más utilizados para mostrar la legitimidad de la misión de la Iglesia:
“¿Cómo es posible tener por pastor a aquél que no sucede a nadie, y que es ya de entrada un extraño y profano?” (San Cipriano, EP. 64, 3, l).
Esta continuidad profunda de la Iglesia a través de los siglos constituye uno de los signos más claros de la asistencia divina.
La Iglesia es apostólica por un triple motivo:
•         Porque está cimentada y edificada sobre el fundamento de los apóstoles, testigos directos de la vida y resurrección de Cristo.
•         Porque conserva fielmente la Tradición Apostólica, lo que los apóstoles han transmitido.
•         Porque el ministerio de los Apóstoles sigue presente en ella mediante el ministerio de los obispos y los presbíteros en comunión con el Papa.

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