GRUPO2 a modo de parabolas

Aqui puedes ver:

11  El crucifijo y los fetiches
12  La Viña del Señor
13  Obramos como niños
14  Clases religión a los niños: ¿si o no?
15  Felicidad y riquezas
16  Amar a Dios y al prójimo
17  La misa ¿para quién?
18  Distintas formas de ejercer la justicia
19  Cuidar nuestra alma como cuidamos nuestro dinero
20  Dios y la corrupción

11.- EL CRUCIFIJO Y LOS FETICHES

 Una vez se juntaron un ateo y un creyente, el ateo con sus fetiches colgados del cuello y el creyente con su crucifijo.
El creyente pregunta al ateo: ¿Qué es eso que llevas colgado al cuello? Y éste contesta: Son mis amuletos de la suerte. Este es cuerno de la abundancia; lo llevo para que me de prosperidad,
y este otro es el chinito azul para que me de suerte en el trabajo. Mira, decía muy ufano el ateo: a este chinito lo coges entre las manos, cierras los ojos, le pides un deseo, le das tres
besos y te concede lo que le pidas si lo llevas siempre contigo. ¿Y de verdad tu crees que esos amuletos te pueden conceder lo que le pidas?, preguntó el creyente. Hombre, responde el ateo,
igual que tu que crees que esa cruz que llevas en el cuello te va a salvar y a conceder lo que le pidas.
Estás equivocado, responde el del crucifijo. Yo no creo que el metal de esta cruz me libre de nada, ni me vaya a dar buena
suerte. En quien creo es en el ser real que representa la cruz, en Cristo que vivió entre los hombres, murió y resucitó. No creo que este metal que cuelga de mi cuello pueda influir en mi vida para nada, pero ¿podrías explicarme tu quien es el que actúa
para que tu cuerno de la abundancia te llene de bienes, o para que tu chinito te de la buena suerte en el trabajo? Porque, digo
yo, que será alguien con inteligencia que sepa distinguir lo bueno de lo malo, y que pueda rechazar lo malo y atraerte lo bueno. Si esos amuletos no representan a un ser real e
inteligente ¿cómo pueden interpretar tus peticiones? Y si representan a un ser real e inteligente ¿son pequeños diosecillos, o qué clase de seres son?


12.- LA VIÑA DEL SEÑOR

 Un señor tenía una viña, y envió varios operarios a trabajarla. A unos les dijo: vosotros labraréis la viña y le quitareis las
malas hierbas; a otros le dijo: vosotros cuidaréis de que las plagas del campo no estropeen las cepas; a otros encargó la
vendimia y hacer el vino, y a otros venderlo y entregar todo el dinero al administrador, para que lo repartiese equitativamente
entre los trabajadores a fin de que todos pudieran vivir de su trabajo.
Distribuido el trabajo, el dueño se ausentó diciéndoles  que volvería más tarde para premiar a los que hubieran cumplido bien su misión y que castigaría a los negligentes.
El primer año todo funcionó a las mil maravilla: Cada uno cumplió con sus obligaciones, hubo buena cosecha y todos
quedaron satisfechos con su paga. Y lo mismo el segundo, y el tercero, pero más tarde se instaló la corrupción entre ellos. Unos se dedicaron a realizar trabajos en otras viñas para obtener unos ingresos extraordinarios, descuidando con ello la
viña común; los que hacían el vino  se quedaban con parte de lo producido, y los encargados de venderlo hacían lo mismo
con las cantidades cobradas. El resultado fue que al final apenas había dinero para repartir, y los unos protestaban contra los otros echándose la culpa de su escaso salario. La
convivencia entre los trabajadores de viña se convirtió en un infierno constante por culpa de la corrupción.
El dueño regresó como se lo había anunciado, y pidió cuentas a cada uno del su trabajo. Los que habían obrado mal pretendieron disculparse, pero el dueño, que había grabado todos sus actos le pasó la película de lo que habían hecho y
avergonzados no tuvieron mas remedio que confesar sus faltas. Terminado el examen despidió a los que habían obrado mal, y premió a los que habían hecho bien su trabajo, y la convivencia que se había convertido en un infierno se transformó de nuevo en un paraíso terrenal.
¿Tendrá Dios grabados todos nuestros actos?

 
13.- OBRAMOS COMO NIÑOS

 Había una vez un sabio que estaba absorto en su trabajo sin darse cuenta de que se le estaba quemando la casa. Un niño que
pasaba por allí, arriesgando la propia vida llegó hasta donde estaba el sabio y le advirtió de lo que estaba pasando.
Medio asfixiados por el humo consiguieron salir los dos ilesos y salvar sus vidas. 
Entonces el sabio, que era muy rico, quiso ofrecerle al niño un regalo que fuera de su agrado, y le propuso elegir entre un gran pastel de chocolate o una bonita casa en la playa para pasar los veranos con su familia. El niño, sin dudarlo, eligió el pastel de chocolate. Al enterarse el padre de esto montó en cólera contra el hijo por su mala elección, y el sabio, que conocía bien la
vida del padre, le objetó diciendo: ¿de qué acusas a tu hijo, si haces tu lo mismo? ¿No dices que eres cristiano? Entonces por
qué cuando Dios te da a elegir entre una vida eterna feliz si cumples sus mandamientos o seguir viviendo con tu amante, tu eliges seguir viviendo con tu amante y renuncias al bienestar eterno? Tú estas haciendo lo mismo que tu hijo: renunciar a
una vida feliz eternamente  por un placer pasajero.

14.- CLASES RELIGIÓN A LOS NIÑOS: ¿SI O NO?

 Había una vez dos madres que todos los días iban juntas a llevar a sus hijos al colegio. Un día el Director le preguntó si querían apuntar a sus hijos a las clases de religión. Una dijo que no, porque quería que su hijo eligiera libremente la religión que quisiera cuando fuera mayor. La otra dijo que sí, porque quería que su hijo tuviera alguna información sobre religión, ya que así cuando fuera mayor tendría más conocimientos y podría elegir mejor.
El hijo de la madre que rechazó la religión no eligió ninguna cuando fue mayor, y se dedicó por entero a hacerse rico. Creó un emporio comercial y vivía feliz con sus negocios sin importarle si estos eran morales o no. Lo importante era que
fueran legales para que nadie pudiera ir contra ellos.
El que se apuntó a las clases de religión se hizo cura, y ejerció siempre su misión apostólica en un  pueblo alejado de las grandes ciudades. También vivió feliz con su trabajo, disfrutando de la naturaleza y de sus buenas obras que le
proporcionaban grandes satisfacciones.
El rico y el cura conservaron siempre aquella amistad nacida en el colegio y cuando cumplieron 75 años los dos seguían en activos y con muy buena salud. Entonces, para celebrar los tres cuartos de siglo de su existencia el rico invitó al cura a una gran fiesta en su lujosa mansión. La comida transcurrió con gran alegría para todos recordando el cura y el rico sus tiempos
del colegio. A los postres ambos bromeaban, y rico decía al cura: ¡Anda, que como cuando mueras no haya nada, vaya chasco que te vas a llevar! No, respondía el cura. Si al final no
hay nada, si todo acaba con la muerte, después de muerto ya no puedo llevarme chasco alguno. Pero anda, que como al final
esté Dios, tú si que te vas a llevar buen chasco. Bueno, dijo el rico intuyendo el sermón que se le venía encima. Como ni tu
me vas a convencer a mi, ni yo a ti, mejor será que cambiemos de tema.
Sabiendo el anfitrión que su huésped  nunca había montado en avión lo invitó a dar un paseo en el suyo propio. El cura acepto
de buen grado, y ambos subieron al aparato. Viendo el piloto  que su amigo estaba disfrutando del viaje decidió elevarse por encima de las nubes para que éste pudiera disfrutar del bello paisaje que se observa cuando tenemos las nubes a nuestros pies.
Cuando estaban en lo mas alto, sin saber por qué, fallaron los motores, y el avión cayó en picado estrellándose contra las
casas de la ciudad. Los dos pasajeros perecieron en el acto. Ninguno de ellos ha vuelto para contarnos cual de los dos se
llevó el chasco al cruzar la frontera de la muerte, pero de una cosa estamos seguros: uno de los dos estaba en el error. ¿Qué
será ahora de él?

15.- FELICIDAD Y RIQUEZAS 

 Todo parece indicar que  el hombre camina hacia más prosperidad, hacia un estado de mayores comodidades en la vida, ¿pero camina hacia una mayor estado de felicidad? Más
prosperidad  ¿da más felicidad? Más riqueza ¿proporciona más felicidad? La experiencia no parece confirmar que sea así.
Cierto que la pobreza tampoco da la felicidad, antes al contrario, con frecuencia es causa de grandes desdichas.
Entonces, ¿qué es lo que da la felicidad?
Un filósofo daba esta receta: Antepón el amor a la venganza, la moral a la economía, y el deber al placer. Este puede ser el
camino de la felicidad. Riquezas sin felicidad, no es riqueza, es pobreza, porque lejos de disfrutarlas terminan agobiándonos y
aumentando nuestras desdichas.  A pesar de esta evidencia, las personas seguimos anteponiendo la economía a la moral, y el placer al deber, y elegimos a los gobernantes que nos ofrecen mayor bienestar económico frente a lo que nos ofrecen defender la moral, la prudencia y el orden.   ¡Y luego nos quejamos de que las cosas van mal! 

Los pueblos que anteponen las riquezas y la ambición a la moral van camino de la ruina, porque sin moral aflora la corrupción, y la experiencia nos dice que la corrupción ha
arruinado imperios, familias poderosas  y hasta la vida de las personas que le dan cobijo.
La verdadera felicidad no se encuentra en las riquezas, se encuentra anteponiendo la moral a las riquezas,  el deber al placer, y prodigando  amor a todo el mundo. 

        
16.- AMAR A DIOS Y AL PRÓJIMO

 Según Cristo  los dos mandamientos más importantes para un cristiano son amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos
En un pueblecito pequeño había una vez un pobre a quien todo el mundo le daba algo para aliviar su pobreza. Un vecino del pueblo, que era ateo y  no creía en Dios ni en el diablo, pero
que era una buena persona  le daba de vez en cuando algún dinero para que no pasara hambre. Otro, que  también era de
buen corazón, y que se auto-definía como católico no practicante, le daba ropas para que no pasara frío.
No hay dudas de que estos cumplían bien el mandamiento de amar al prójimo, ¿Pero cumplían también el primero y principal  que es amar a Dios? Si no creían en Él ¿cómo podían amarle?

17.- LA MISA ¿PARA QUIÉN?

 Cuentan que un día estaba una iglesia llena de gente y el sacerdote revestido para salir a celebrar la misa, cuando dos forajidos entraron en la iglesia, pistola en mano,  gritando : los que estén dispuesto a morir por Dios, que se queden, y los demás que se vayan. La gente salió atropelladamente y solo quedaron cuatro en la iglesia. Entonces los forajidos se dirigieron al sacerdote y le dijeron: estos son los únicos creyentes de verdad que tiene Vd. en la Iglesia. Los demás no necesitan la misa. El párroco, dirigiendo a los forajidos con una
sonrisa le contesta: Perdonen, se han confundido Vds., quienes más la necesitaban eran esos que me han echado de la iglesia.

18.- DISTINTAS FORMAS DE EJERCER  LA JUSTICIA

 Había una vez dos hombres ricos en una ciudad que tenían un hijo cada uno, y los dos hijos obraban perversamente estafando y engañando a la gente
Uno de los padres  era muy justo, y teniendo conocimiento de las fechorías de su hijo mandó apresarle y lo castigó severamente encerrándolo en la cárcel. Allí pasó el  hijo mucho tiempo renegando contra su padre, y cuando salió volvió a la mala vida. El otro padre era más indulgente. Al conocer la vida
depravada de su hijo lo reprendía una y otra vez haciéndole ver su mal proceder, a la par que indemnizaba a las personas que
había perjudicado su hijo. Al final este hijo, viendo el buen proceder de su padre,  se arrepintió  y volvió al buen camino.
¿Cuál crees tu que obró mejor?
Con frecuencia pedimos a Dios que descargue su ira contra quienes se portan mal, sobre todo si su mal comportamiento
nos afecta negativamente a nosotros, pero Dios a lo mejor obra como el padre indulgente y nosotros lo criticamos.


19.- CUIDAR NUESTRA ALMA COMO CUIDAMOS   NUESTRO DINERO

Una vez un señor heredó una gran suma de dinero, e inmediatamente lo ingresó en su banco de toda la vida. Al poco tiempo su amigo el cura  le dijo que había oído decir que ese banco estaba en quiebra y que quizá perdiera su dinero si lo dejaba allí. Preocupado el hombre por su dinero se informó
cuanto pudo sobre la situación de aquel banco, y comprobó que era cierto lo que decía el cura. Inmediatamente lo  sacó de allí y
lo llevó a otro banco que le pareció más seguro.
Poco tiempo después los médicos le diagnosticaron un cáncer, y el cura le dijo que sería bueno que se fuera preparando para rendir cuentas a Dios, pero esta vez no hizo caso al cura diciendo que ya tendría tiempo de eso cuando fuera a morirse. 
La muerte le sobrevino antes de lo esperado, y al morir se encontró con dos caminos, uno que indicaba al cielo, y el otro al infierno. Eligió el camino del cielo, y al llegar allí San Pedro
le pidió que  se identificara. Miró el santo  portero sus registros y le dijo: lo siento; tu nombre no está entre los autorizados a
entrar aquí. Tendrás que coger el camino del infierno. ¿El del infierno? exclamó horrorizado el recién llegado. Dios no puede
condenarme al infierno. Yo no he robado, no he matado y he sido buena persona. El Santo portero, acostumbrado a estas réplicas, le respondió: Dios no envía a nadie al infierno. Aquí
nos limitamos a enviar a cada cual al lugar que él libremente haya elegido en la tierra.
¿Y cuando he elegido yo el infierno?, protestó el interfecto. Cuando despreciaste las enseñanzas de los evangelios,  y cuando despreciaste el consejo de tu amigo el cura que te aconsejaba reconciliarte con Dios.
Bien que te ocupaste de tu dinero cuando te avisó de que el banco estaba en quiebra. ¿Por qué no hiciste lo mismo cuando te avisó de que Dios te pediría cuantas de lo que has hecho con la vida que Él te entregó al nacer? 

 
20.- DIOS Y LA CORRUPCIÓN

 Los habitantes de un país durante mucho tiempo creyeron que existía un Dios que ejercía la justicia castigando a los malos y premiaban a los buenos. Conforme a esta creencia todos procuraban hacer el bien y evitar el mal, pero un día llegaron
unos sabios y dijeron que ese  Dios no existía, que creer en eso era propio de gente sin cultura. Como todos querían presumir de inteligentes dejaron de creer en ese Dios, y en el lugar de
Dios pusieron a las mayorías, y en el lugar de los preceptos divinos pusieron sus propias leyes. Pasó el tiempo y en aquel
país la gente dejó de creer en la justicia, porque los jueces se pusieron al servicio de las mayorías, y las leyes eran puestas y
depuestas a conveniencia de quienes manejaban a las mayorías. Tras dejar de creer en la justicia dejó de creerse en las leyes, y
cuando dejó de creerse en las leyes y en la justicia dejó de creerse en los gobernantes, y fue así como la corrupción se
adueñó de todo el país en la confianza de que nadie le pediría cuenta de sus actos. Los pobres se hacían cada vez más pobres
mientras los corruptos cada vez llenaban mas sus arcas a cargo de los que  empobrecían. Y así el país, presumiendo de democracia, de progresistas y de ser defensores de sus derechos
humanos se fue a la ruina por olvidarse del cumplimiento de sus obligaciones, que en cumplir éstas, más que en solo
defender derechos,  consiste el engrandecimiento de los pueblo. Está muy bien defender la carta de derechos humanos, pero
éstos estarían mas defendido haciendo la carta de obligaciones humanas y cumpliéndolas.

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